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domingo, 24 de enero de 2016

“The house is in order”



The house is NOT in order

Ahora tampoco fue magia, fue revancha brutal y barata de una banda de energúmenos con suficiente falta de escrúpulos como para descaradamente encaramarse sobre las espaldas de los pobres, tal cual una vieja definición que iluminó mi adolescencia y me enseñó una compañera estudiantil de madre y padre eruditos: me dijo, aquella muchachita de los años 1958 en el barrio de Barracas del sur porteño, que la frase pertenecía al literato ruso y bolchevique Máximo Gorky: “Los ricos harían cualquier cosa por los pobres, menos bajarse de sus espaldas”.


La banda de energúmenos (especímenes que aun de factura humana carecen de ética e inteligencia social y se movilizan sólo por egoístas intereses y obediencias “de cliente”, mercenarios, ya que no “poseídos del demonio” como fantasiosamente también registran los diccionarios cosa que, en tal caso, se resolvería con igual de fantasioso y simple exorcismo)…

Digo, la banda de energúmenos liderados por su principal y virrey, y cuyo adelantado en la apocopada CABA reemplazó la leyenda “No fue magia” en la estructura del paso sobre nivel de la avenida Juan B. Justo  en su intersección con otra, Córdoba, en la salida noroeste del centro capitalino hacia el conurbano y las provincias, que, en inglés, afirma: “The house is in order”…

Nos vienen a la memoria Tato Bores y aquellos domingos suyos de TV todavía blanco y negro en la mayoría de los hogares cuando, en gran tono de sorna, en la segunda mitad de la década de 1970, el actor llamaba “Pink House” a la sede de un poder político en manos de los dictadores y asesinos Alfredo Martínez de Hoz y Rafael Videla, y acordaremos en que el muy prolijo letrero de ahora –que no fue obra de un apurado equipo de bromistas manipulando aerosoles de pintura– hubiera sido “casi” acertado si se precisaba muy poco más: The Pink House is in order.

Pero no, la alusión es a una “gran casa” significando que se trata del país. Se pretende que el país “está en orden”, y se lo pretende en una suerte de mensaje de comprensión “global” como cuando en los aeropuertos de entrada a una nación se exhibe la leyenda “Welcome”. Fue, sin duda iniciativa de los mayordomos de Rodríguez Larreta, un homenaje al exitoso paseo obsecuente y “bonito” de la troupe que visitó Davos.

En el centro Sergio Massa, Mauricio Macri y Susana Malcorra


La troupe en Suiza está arropada de ocasión sólo evitar resfriarse. No ahondaremos en las sonrisas, saludos, conversaciones off the record y explícitos alineamientos que suficientemente han sido y serán informados por crónicas serias y honestas.

Quienes dispusieron el Welcome FMI de “The house is in order” son sádicos o carecen de memoria, están desnudos de memoria y son, en jerga popular, “unos salames”, aunque atrevidos. Sea de de una manera o de otra ponen de manifiesto que son una pandilla que se mueve “a comisión” con picardía y para la rapiña.

“La casa está en orden”

En castilla y no en inglés, la frase fue consigna del discurso del entonces presidente Raúl Alfonsín, el 19 de abril de 1987, frente a una Plaza de Mayo colmada de personas de distintas edades, trabajos, formación y filiaciones políticas que durante varios días estuvieron concentradas repudiando los amotinamientos político-militares que se oponían a los juicios contra los autores y actores de crímenes de lesa humanidad durante la dictadura de 1976 a 1983. El principal de esos amotinamiento en Campo de Mayo liderado por el teniente coronel Aldo Rico, de la derecha peronista.

Alfonsín, textualmente, dijo: «¡Felices Pascuas, la casa está en orden y no hay sangre en la Argentina!», tras regresar en helicóptero de la unidad militar del Ejército en Campo de Mayo donde había dialogado con los sublevados y aceptado que mediante la aplicación de la llamada Ley de Obediencia Debida –sancionada hacía pocos meses–, no se juzgaría al personal militar subalterno y a oficiales medios que hubieran participado en delitos perpetrados por la dictadura cívico militar.

La historia probó luego que la casa no había resultado ordenada. Durante los meses de 1987 que siguieron hasta fin de año los amotinados de Campo de Mayo continuaron reclutando adeptos y provocando a la ciudadanía, especialmente a quienes en abril y frente al destacamento militar habían manifestado su rechazo a la sublevación. Circularon, incluso entre la población lugareña, boletines militares clandestinos con datos intimidatorios sobre personas y sus vehículos de los que se decía que estaban al servicio de actividades “subversivas”, denominación que particularmente había tenido uso durante la dictadura de 1976 a 1983.

En enero de 1988 se produce un nuevo amotinamiento militar con epicentro en una unidad castrense de Monte Caseros, departamento y ciudad de la Provincia de Corrientes, y reflejos en otras unidades incluyendo a la ya referida de Campo de Mayo. Nuevamente Aldo Rico es el protagonista principal con su cara embetunada, y tras fugarse de su arresto domiciliario se asigna a sí mismo categoría de comandante de un Ejercito Nacional en Operaciones.

Tras la asonada Rico y otros cabecillas fueron nuevamente arrestados, manifestando él en la ocasión a periodistas que no se arrepentía de la actitud asumida dejando para la posteridad una frase de antología: «la duda es la jactancia de los intelectuales», y encarcelado funda el Movimiento por la Dignidad Nacional.

En los días iniciales de diciembre del mismo año se desata un nuevo amotinamiento durante la presidencia del autor de la fallida frase de la Pascua de hacía ya casi dos años. Ahora son los miembros de una policía naval militarizada y todavía bajo mando de la Armada, a los que se agregan por cuerda separada algunos tanques y un destacamento mecanizado del Ejército, el último asentado en Villa Martelli, inmediatamente tras el límite noroeste de la entonces todavía Capital Federal, y donde durante el gobierno de la presidenta Fernández de Kirchner se instaló Tecnópolis, una muestra permanente de arte, ciencia y tecnología que en la actualidad permanece clausurada.

A los cuartelazos de fines de 1988 les sucede un episodio sumamente confuso cuando, en enero de 1989 y en otro Regimiento del Ejército, también motorizado, radicado en la localidad de La Tablada, se reprime sangrientamente desde adentro y afuera del mismo un asalto civil protagonizado por una decena de militantes del Movimiento Todos por la Patria, en general jóvenes que habían tenido alguna militancia en los partidos Intransigente, Radical o Justicialista liderados por Enrique Gorriarán Merlo, ex miembro del Ejército Revolucionario del Pueblo que estuviera activo en la década de 1970.

Según trascendió después a través de declaraciones en el exterior del propio Gorriarán Merlo y fuentes que el periodismo mantuvo en reserva la intención de sus protagonistas fue frustrar un golpe de Estado que quizá en realidad no se gestaba, y que la acción fallida habría sido una trampa armada mediando acciones de inteligencia operadas por políticos audaces que finalmente desencadenaron la caída de Raúl Alfonsín y el advenimiento de Carlos Saúl Menem, el realizador de la crudísima primera instalación del neoliberalismo en Argentina, y del cual no pocas veces Mauricio Macri se ha manifestado admirador.

En 1989 es Rico indultado por Menem, y el hasta entonces reincidente líder a la luz o en las sombras de tantos cuartelazos inicia una accidentada carrera política que incluye senderos del Partido Justicialista llegando a ocupar bancas legislativas y cargos ejecutivos secundarios, accediendo en 1997 por la vía de un acto eleccionario formal a la intendencia de San Miguel, en  la Provincia de Buenos Aires, municipio donde precisamente se asienta Campo de Mayo.

Así, la repetición ahora de la famosa frase puede encerrar una tan sutil como morbosa restauración en la memoria del actual activismo político popular de una seguidilla de sus propias derrotas –intención que podría parecer excede la capacidad intelectual de quienes ahora dispusieron se pintara la frase–, o tratarse llanamente de una parrafada de exitismo que ignora la intimidad de la vinculación histórica de esos dichos.  

Esta gran pandilla –en la foto sólo cinco–, está desnudada. Es decir, está más que desnuda, está desnudada por sus propios actos, a la vista, visible, sin prendas realmente propias, las que se han puesto remendadas y siendo saldos de incendio. Quizá por eso, por temor a que se extienda algún foco ígneo y por esa tendencia obsesiva hacia lo práctico de las administraciones burocráticas, cada vez que el mandamás se recoge en su vasta quinta “Los Abrojos”, en el deslinde del barrio Los Nogales del Municipio de Malvinas Argentinas –casi en el extremo noroeste del cinturón suburbano–, su custodia incluye una autobomba del cuerpo de combate al fuego de la Policía Federal.



Precisamente como encendido reguero de nafta recorren el mundo local y el global repiqueteando en ojos y oídos populares imágenes de los desnudos: son ellos, aquellos, estos… Veámoslos, mostrémoslos, para comprender. Por caso está la bonita señora Graciela Medina que posa de rosa, abogada, camarista en la llamada justicia Civil y Comercial Federal (nos parece más adecuada la imagen para una nota de color sobre la Ius Cool), y que junto con sus pares Francisco de las Carreras y Guillermo Antelo el pasado 15 de enero hizo lugar a la “queja” del poder virreinal frente al dictamen del juez de primera instancia Iván Garbarino, quien había ordenado la reposición de Martín Sabbatella y otras autoridades legales al frente de la Autoridad Federal de Servicios de Comunicación Audiovisual (AFSCA). “Queja” que mantuvo el desalojo… Sobre la camarista véase por qué fue recusada en marzo de 2011: está casada con un abogado del Grupo Clarín (http://tiempoargentino.com/nota/57965/denuncian-a-dos-camaristas)

También, que quien funge ahora como ministro de Salud Pública de la Nación, el médico Jorge Lemus, en la semana que recién concluyó dispuso, refirió el diario Página/12, que:

el Hospital Nacional en Red Especializado en Salud Mental y Adicciones “Licenciada Laura Bonaparte” dejará de llamarse así, con ese nombre adoptado hace seis meses en homenaje a la psicoanalista e histórica Madre de Plaza de Mayo, para volver a su antiguo nombre, Cenareso (Centro Nacional de Reeducación Social). La adopción de la identidad en homenaje a Laura Bonaparte –fallecida en 2013– había sido propuesta por la ex interventora del hospital, Edith Benedetto, y obtenido media sanción en la Cámara de Diputados en junio del año pasado. Aunque aún quedaba pendiente su aprobación en el Senado, las autoridades del Ministerio de Salud del anterior gobierno autorizaron aquel cambio. Ahora, Lemus ordenó borrar a Laura Bonaparte de toda la comunicación institucional del hospital y restituir el nombre que tuvo durante más de treinta años, ideado por José López Rega.1

El mismo diario,  reprodujo los comentarios que generó la grosera medida: «Laura se merecía muchísimo ese homenaje, era una mujer comprometida con los derechos humanos. Este cambio es una mezquindad que no conduce a nada, un intento por borrar la memoria de los organismos de derechos humanos. Pero el tiempo los va a borrar a ellos», manifestó Laura Conte, compañera de Bonaparte en Madres de Plaza de Mayo Línea Fundadora y miembro del CELS.


Notas:
1 http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-290966-2016-01-23.html