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jueves, 11 de septiembre de 2014

Pánico. El botón de pánico



Vemos el informativo de un canal de TV montevideano. Podría ser de cualquiera otra ciudad latinoamericana. El tema central, a un mes de decisorias elecciones presidenciales, es el de la tan mentada inseguridad. Se exhiben las famosas bochas de vidrio con pantalla en la vía pública y que contienen cámaras de video. Ante el reporte callejero una señora dice a un micrófono: “vamos a creer que servirán”.

¿Como no va a querer creer que servirán si le dictan permanentemente que sirven? Inmediatamente a que la señora dijo “vamos a creer que servirán” se monta un ejemplo. Empezamos por el final: el patrullero policial llega prontamente y a unos cien metros de los hechos intercepta a dos delincuentes que huyen en un vehículo luego de rapiñar unos  objetos de un escaparate tras violentar la reja. La imagen registrada por la “cámaras de seguridad” mostró cuando los dos muchachos, el más menudo montado en el caño, inician su partida pedaleando una única bicicleta notoriamente vieja y pesada.

Nosotros mismos fuimos “víctimas y protagonistas” de un delito en la capital nacional hará algo más de quince años. Víctimas de la estupidez: cuando desde la ventanilla nos preguntaron la hora los cuatro dentro del auto miramos nuestros relojes. El tirón fue preciso para el arrebato de una carterita que mi compañera llevaba en el regazo. Con el auto y de contramano, a los bocinazos, dimos vuelta la manzana y vimos al chiquilín entrar a las corridas a un edificio habitado por okupas. Negociando a los gritos con un  viejo que se asomó desde un balcón del tercer piso logramos una solución equitativa: devolución de la carterita con los documentos personales y cesión de cuarenta pesos y de un par de anteojos de lectura “para la abuela del gurí”.

Sin duda un resultado menos oneroso y dañino que el de los dos “delincuentes” interceptados cuando “huían” montados en una bici que no era tándem. Hace quince años no había “cámaras de seguridad”.

Botón de pánico

La conductora del noticiero, tras exhibirse la acción vídeo-policial, alude a tratativas para agregar un “botón de pánico” en los teléfonos móviles: en pantalla aparece una marca transnacional que compite con la empresa estatal de teléfonos (quizá la transnacional pagó).

Pregunto, ¿podría alguien apretar ese botón si mientras camina por una calle percibe que lo espían, que lo siguen, que lo observan, que violan su intimidad personal a través de cámaras de video más o menos ocultas?

Terror

El cuadro es así. Los gobiernos ceden y alimentan las ganancias de los oportunistas que venden, instalan y mantienen “operativa” una tecnología violatoria y destructora de los lazos sociales, impidiendo la interrelación humana. Si los dineros empleados en adquirir y mantener activas esas cámaras y los híbridos avioncitos a control remoto que nos sobrevuelan mirándonos, en pagar los cuantiosos emolumentos de jerarcas inútiles se empleara en resolver humanamente los conflictos de la convivencia… estaríamos mejor.

Obama se pone la mano un poquitín más arriba de su tetilla izquierda como si ello pudiera significar algo más que alguna imprevista molestia, primero guarda silencio y luego dice palabras que no se entienden. La conductora del noticiero alude a la fecha que significó, dice, un quiebre histórico. No es que Obama pide disculpas por el brutal golpe de Estado de Pinochet en Chile que inauguró las más feroces dictaduras latinoamericanas del siglo XX. No, solamente promete más ferocidad. La conductora pone aquel 11 de septiembre de 1973 en lugar secundario.

Obama con el botón de pánico es catastrófico, no mesiánico como él quiere hacer creer.

Depredadores

Esta madrugada de 11 de septiembre enfrente, tras el ancho estuario, cruzando el charco suele decirse, noventa y tantos “legisladores” de diferentes mismos colores cruzaron las manos delante de sus genitales y en función de votar en contra del Gobierno lo hicieron en contra de una ley que protege las relaciones financieras del Estado (que a ellos los mantiene) frente a la voracidad pendenciera del establishment del país del hombre con su mano puesta algo más arriba de la tetilla izquierda.

Cubrieron sus genitales defendiendo el arco (o si se quiere portería) de sus propios negocios. De sus propias seguridades. De sus relaciones políticas de cambalache. Defendiendo el arco del amo. Obama y su cuñado Griesa agradecidos. El gesto de la conductora del noticiero parece ser inefable, pero puede explicarse con palabras: en cuanto al pánico es tanto víctima como victimaria.

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