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viernes, 3 de enero de 2014

Capitalism and capitalists out! Servants, mercenaries and assassins also! Itzhak Aviran?



No hay vuelta, hay que hablar y escribir claro, bien claro, como el José Ramón Cantaliso de los versos del cubano Nicolás Guillén.

Buscando en los suburbios bonaerenses la oficina de una multinacional de telefonía celular para que arreglaran un embrollo que nos hicieron en nuestra calidad de usuarios  nos encontramos en un shopping con Rubén, un compañero y amigo peronista con el que no pocas veces compartimos conversaciones políticas y acuerdos en los últimos treinta años, yo, en tanto marxista y comunista. Rubén apoya al gobierno de Cristina Fernández de Kirchner, y me dijo de la preocupación que viven por el jaqueo que le hace la derecha política. Por mi parte agregué: y la propia clase media beneficiada por las políticas de fomento del consumo que lleva adelante la Presidenta. “Sí, es cierto”, coincidió.

Nos despedimos, y tuvimos nosotros que recorrer unos veinte kilómetros más para llegar a una de las dos únicas oficinas que “la marca española” tiene en todo el norte y noroeste del extenso territorio provincial llamado “conurbano”. De retorno un fulano con auto evidentemente más grande, más nuevo y más caro que el nuestro pretendió empujarnos yendo la compacta fila de vehículos a unos sesenta kilómetros por hora para, desde la derecha, ponerse por delante de nosotros. Obviamente no lo dejamos. Tipo con plata, quizá gerente cuarentón de algún concesionario de chanchullos, bien “clase media” por la pinta y por su “carro”, probablemente habitante de uno de los tantos countries del carilindo Municipio del Pilar, se deshizo de sus disfraces de “señor” y nos gritó “boludo”, nos hizo la consabida y grosera seña del imperio a través del parabrisas y, para rematar la exhibición, cuando ingresamos a una dársena de giro y aminoramos la marcha nos gritó “¡viejo verga!”. Culta, delicada, respetuosa y solidaria la clase media.

Lo digo con absoluta honestidad intelectual: prefiero entablar discusiones con un miembro de la burguesía, de par a par, yo par de los de abajo y el par de los de arriba; hay reglas que ambos vamos a respetar y, al final, será a cara o cruz, en lo que fuere. Con la clase media no se puede, es pura basura: sirviente, mercenaria y asesina. ¿Qué pasaba si en el atropello y la tensión que nos generaba a nosotros, nacidos ya hace más de setenta años, nos íbamos de contramano y chocábamos con otro auto?: más muertos y heridos se hubieran sumado a las estadísticas… Claro que el estúpido no sabía dos cosas: que a este viejito se lo lee allende varias fronteras y maneja vehículos de distinto porte desde hace bastante más de medio siglo. Minga nos iba a empujar, apocar o confundir. (Pensé, ya alejados del imbécil, parafraseando las palabras puestas por el dramaturgo rioplatense Florencio Sánchez en uno de sus personajes de En familia para comentar la muerte de un fullero: ¡qué suerte para la pobre familia sería que el cuarentón se matara!)

A otra cosa que es más o menos la misma

Esta mañana me desayuné con los dichos de Itzhak Aviran, aquel embajador de Israel en Buenos Aires cuando en 1994 se mató a ochenta y tantos argentinos con el intencional derrumbe de la mutual judía AMIA. Entonces yo trabajaba en una audición periodística de una radioemisora muy popular del ya referido noroeste del conurbano, y cuando comenzamos a recibir y retransmitir las primeras noticias respecto del criminal atentado una duda se afincó en mi raciocinio: cuál de las “agencias”, o cuáles, habría o habrían sido organizadoras o hasta quizá también ejecutoras del suceso; porque era bien claro que tirar del hilo llevaría hacia sus reales beneficiarios.

Y ustedes también se habrán desayunado con que muy suelto de cuerpo este Aviran dice ahora que “La gran mayoría de los culpables [de la explosión y derrumbe de la AMIA] ya está en el otro mundo. Y eso lo hicimos nosotros”.

¿Por qué y para qué?

Ahora, en 2014, estamos lejos del romanticismo pequeño burgués progresista y justiciero de posguerra que en mayo de 1960 justificó y hasta aplaudió el secuestro en Argentina del criminal nazi Adolf Eichmann y su traslado secreto e ilegal para ser juzgado y ejecutado en Israel un año después. Tiene razón el compañero Rubén, a los pueblos nos siguen jaqueando. Hay que mandar parar: ¡no empujen!, ¡atrás!

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